Muchas madres se quejan de que sus hijos están inquietos, usted no está sola: tres de cada diez niños tienen problemas de dormir. Entre los bebés, el número aumenta a cuatro de cada diez. Pero, ¿cómo saber si su hijo se encuentra entre esos casos?

Lo cierto es que esta agitación puede ser provocada por malos hábitos y falta de rutina, pero también puede ser signo de algún trastorno del sueño. Es una condición en la que las dificultades relacionadas con el sueño se manifiestan de diferentes formas: problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido, dificultades para despertar, comportamientos inusuales durante el sueño, etc.

En la infancia, algunos de los síntomas más comunes son el síndrome de piernas inquietas, apnea, sonambulismo y terror nocturno. La buena noticia es que todos tienen solución, solo que están correctamente identificados.

Para ello, hemos enumerado en este post los siete principales signos de que algo no va bien en la relación de tu pequeño con la almohada. ¡Seguir!

  1. Pesadillas

Las pesadillas están en el grupo de las parasomnias, al igual que el sonambulismo, el sonambulismo (hablar dormido) y el terror nocturno. Este tipo de trastorno del sueño se considera no dañino y tiende a desaparecer con el tiempo.

Estos son sueños aterradores que ocurren durante la fase de sueño REM, que pueden ocurrir tanto en la primera como en la segunda mitad de la noche. Aparecen alrededor de los tres años y generalmente hacen que el niño se despierte y le resulte difícil volver a dormir debido a los vívidos recuerdos del sueño.

En general, no son motivo de preocupación, salvo que sean muy frecuentes. En ese caso, vale la pena investigar si hay una causa oculta detrás, por ejemplo, un problema en la escuela o la pérdida de alguien cercano. Es bueno estar al tanto de lo que su hijo ve en la televisión o en Internet. Además, llevar un diario también puede ayudar a identificar los factores desencadenantes.

  1. Resistencia al sueño

Es asombroso cómo pasa todo a la hora de acostarse: tu hijo pide agua, dice que tiene hambre, quiere contarte lo que pasó en el colegio, en fin, cualquier excusa para no dormir. ¿Te resulta familiar?

Sí, esta resistencia a la hora de acostarse puede ser un signo de insomnio. Sobre todo cuando, incluso después de satisfacer todas las necesidades, el niño tarda mucho en conciliar el sueño, sin poder mantener los ojos cerrados, moviéndose sin detenerse.

El insomnio infantil suele ser causado por alguna incomodidad que el niño aún no sabe verbalizar -merece la pena investigar las alergias alimentarias- o por la ansiedad. Es común entre uno y dos años debido a la separación de la madre a la hora de acostarse. Darle al bebé un objeto de referencia, un peluche o una niñera, puede ayudar.

En el caso de los adultos, el insomnio suele ser causado por la necesidad de desafiar a los padres o por malos hábitos, como la demora en irse a la cama, la falta de rutina y el exceso de electrónica cerca de la hora de dormir.

  1. Sonambulismo

Los ataques de sonambulismo ocurren entre los 3 y los 7 años de edad y generalmente duran de 5 a 15 minutos. Durante el episodio, el niño se levanta, camina, habla cosas sin sentido, pero en realidad está dormido y no recuerda nada a la mañana siguiente.

Este problema suele resolverse de forma espontánea, por lo que lo más importante es prestar atención a la seguridad del medio ambiente. Tenga cuidado de que el niño no se lastime si se levanta por la noche sin que nadie lo vea.

  1. Terror nocturno

A diferencia de las pesadillas, en la manifestación del terror nocturno, el niño no se despierta por completo. Los episodios son más comunes en las primeras horas de la noche y más alarmantes para los padres, ya que el niño grita y muestra signos como frecuencia cardíaca acelerada, sudoración y respiración acelerada, sin embargo, no responde preguntas e incluso puede ser agresivo, luchando violentamente. .

La crisis dura solo unos minutos, por lo que es mejor mantener la calma y no despertar a su hijo. Como otras parasomnias, tiende a pasar con el tiempo, pero si el problema es tan frecuente que perjudica el bienestar del niño y la familia, se debe consultar a un médico, ya que existen opciones de tratamiento.

  1. Ronquidos

Además de ser una vibración natural de las fosas nasales, los ronquidos agravados y la agitación son los principales signos de la apnea obstructiva. Se caracteriza por pequeñas interrupciones en la respiración durante el sueño, lo que impide que el aire pase por las vías respiratorias.

Aunque el niño no se despierta, la calidad del sueño se ve afectada. Algunos signos son respiración pesada, boca abierta durante el sueño, ojeras, somnolencia y falta de concentración durante el día. Al anotarlos, se recomienda hablar con el pediatra y consultar a un especialista.

  1. Somnolencia durante el día

Si incluso después de noches aparentemente normales su hijo pasa el día somnoliento, tiene círculos oscuros debajo de los ojos y no parece tener mucha energía, puede ser un signo de problemas para dormir.

A menudo, no nos damos cuenta de que el niño durmió mal porque no se despierta llorando por la noche. Pero además de la apnea, otros trastornos, como el síndrome de piernas inquietas y el bruxismo, pueden ser silenciosos.

El bruxismo, un hábito de rechinar los dientes, puede ser común durante el reemplazo de dientes, pero si persiste, es bueno ir al dentista para evitar el desgaste de los dientes y problemas con la articulación mandibular y el arco dentario.

  1. Enuresis

La popular enuresis también es un síntoma de que algo no va bien en el sueño de su hijo. Aunque a menudo es solo fisiológico, la enuresis también puede ser causada por problemas emocionales, como el miedo a las pesadillas, e incluso ser un signo de apnea.

En conclusión, los problemas de sueño pueden originarse desde problemas de comportamiento y de edad hasta afecciones fisiológicas como el bruxismo y la apnea.

Por eso, es muy importante ser firme con la rutina y prestar atención a las señales para mejorar la calidad del sueño del niño y asegurar su crecimiento y adecuado desarrollo cognitivo.