El amor debe ser sinónimo de alegría, comprensión, empatía y plenitud, tomando diferentes formas y medidas. Sobre todo es importante amarnos a nosotros mismos, conocernos, valorarnos y solo después de que lo hagamos realmente podremos amar al otro.

Muchas veces, me atrevo a decir mal, buscamos al otro en forma de completarnos o ser más felices, más realizados. Quizás esta búsqueda sea fruto de la sociedad en la que vivimos, que nos inculca entre muchos valores, los de la familia.

A lo largo de nuestra vida nos enamoramos de personas y lugares, damos espacio a experiencias que nos transforman, que nos hacen crecer y eso es tan bueno.

Qué son las relaciones positivas

Las relaciones con los demás y con nosotros mismos son positivas cuando se trabaja y, sobre todo, cuando nos llenan y completan. Así también debería ser el amor. No siempre es perfecto, pero la verdad es que no tiene por qué serlo.

Ninguna relación es hermética, ni debe ser conformista. En cambio, debe verse como transformación y aprendizaje. Pero transformar no es querer cambiar al otro, sino aceptarlo y, con ello, poner la posibilidad de poder evolucionar juntos.

Las relaciones se vuelven tóxicas cuando hay celos, sospechas, demandas, imposiciones, control y / o dependencia. Cuando la dirección a seguir va en una dirección malsana, casi sin darnos cuenta y cuando damos, nos damos cuenta de que esa relación nos hace más mal que bien.

Cómo hacer que una relación funcione

Para que una relación funcione no es necesario conocer los mejores trucos, hacer pruebas de compatibilidad y / o tener opciones mágicas. Sobre todo, debe haber amor. Nos sentimos felices al lado de esa persona. Este es el ingrediente principal para comenzar cualquier cosa, luego hay que mantener y hacer que esa relación sea positiva y duradera. Ésta es quizás la tarea más difícil, pero no imposible. Mantenga un amor sin dolor.

Las relaciones iniciales van acompañadas de una magia inicial, el deslumbramiento, las ganas de hacer algo diferente. Pero con el tiempo tienden a caer en la rutina y el conformismo.

Muchas parejas (quizás todas) pasan por esta fase. Se desmotivan, se cuestionan a sí mismos y a algunos, se apartan y se encierran en sus propios pensamientos y sentimientos.

Sepa que pasar por esto es perfectamente normal y se puede superar. La comunicación aquí adquiere un papel crucial. Es importante que los dos elementos de la pareja no tengan miedo de asumir que esto está sucediendo, y juntos, poder idear estrategias más efectivas.

Con el paso del tiempo estamos absortos en la rutina, el trabajo, las responsabilidades (hogar, hijos…) y la mayoría de las veces nos olvidamos de nosotros mismos y descuidamos nuestra relación.

Por eso es importante establecer, entre las tareas habituales, rutinas y compromisos no solo con nosotros mismos, sino también con nuestra relación.

Amar es estar juntos y saber estar solo cuando sea necesario.

Cómo desarrollar y promover relaciones saludables

Comunicación asertiva. Saber comunicar es también saber escuchar. Normalmente nos preocupamos por decir lo que nos lastima, nos hace felices y / o queremos en una relación. Es igualmente importante saber escuchar a los demás, sus miedos, sus expectativas, lo que piensan y sobre todo lo que sienten.

Capacidad de resolución de problemas. Esta es la «prueba de fuego» de muchas relaciones. La capacidad de desarrollar y aplicar estrategias de resolución de problemas. Es importante centrarse en la solución, más que en el problema.

Capacidad de reconstrucción. Después de una situación desafiante (problema) tienes que seguir adelante. Para que esto suceda, muchas veces es necesaria la reconstrucción, es decir, aprehender y adaptar nuevos estilos de vida y formas de actuar.

Apego saludable. Una relación tiene como objetivo suprimir la necesidad de consuelo y afecto. Cuando se satisface esta necesidad, es una señal de que la relación es positiva. Sin embargo, este apego debe ser sano y en la medida adecuada. Es decir, no debemos cancelarnos a nosotros mismos, y mucho menos crear una dependencia del otro.

Aceptación. Las relaciones al principio tienden a ser positivas, es la fase de asombro. Con el tiempo y el grado de convivencia, existe la tendencia de que un miembro de la pareja intente cambiar al otro. Aceptar que el otro no trabaja / piensa igual que nosotros, es amarlo como es. Amar no es intentar cambiar, sino comprender y adaptarse.

Lo cierto es que la dinámica de pareja pasa por numerosas fases, y estas no siempre son armoniosas y favorecen el equilibrio deseable. Así, la terapia de pareja se traduce en una poderosa herramienta para el reencuentro de la armonía, el bienestar y la felicidad de la pareja.