No hay ninguna duda de que la preocupación por la educación de su hijo es una de prioridades de todas las madres. Todos los días, luchas por enseñar el poder de palabras mágicas como «por favor», la importancia de comer con la boca cerrada y respetar a tu compañero. Estoy en lo cierto? Todo sería perfecto si no hubiera necesidad de saber cómo lidiar con la rabieta de los niños.

Es un grito desde ahí, un salto desde ahí y unas lágrimas dignas de un Oscar en su versión infantil. Para hacer la situación aún más estresante, es muy común que el escenario ocurra cuando tienes prisa o en público. En el supermercado, en la puerta de la escuela, en el patio de recreo, en la casa de paja … No se puede predecir cuándo ocurrirá la rabieta.

Si esa posibilidad te aterroriza, ¡mantén la calma! Es posible pasar por este campo de guerra sin acabar con los soldados heridos. ¿Quieres averiguar cómo? Entonces, aquí están algunos de mis consejos para lidiar con la temida rabieta infantil.

Cómo funciona la rabieta de los niños mayores

Después de los 2 años de mi pequeño, me imaginaba que en ese tercer cumpleaños se acababan los problemas de la mañana, la desobediencia y las rabietas. ¡Es obvio que estaba equivocado!

A medida que el cachorro crece, puede comunicarse mejor y comprender su entorno. Por un lado, es genial y abre el camino al diálogo y a lazos aún más fuertes. Por otro lado, el niño comienza a comprender el poder de la palabra «no». Y es por eso que, y no simplemente por un deseo de volvernos locos, surge esa rabieta.

Los niños mayores, a partir de los 3 años, pueden comunicar muchas cosas. Pueden saber si tienen hambre o si se sienten incómodos con algo. También saben cuándo realmente quieren ese juguete que parpadea sin parar o un caramelo que pinta toda la lengua.

Cuando no consiguen lo que quieren, cuando lo exigen, apuestan por la rabieta. En otras palabras, el proceso es una moneda de cambio, en la que las lágrimas valen más que el dinero para que obtengan lo que quieren.

Entendiendo lo que obtienen

Puede pensar que todo es parte de un plan para que su hijo pueda jugar en su lugar favorito: el piso del supermercado. Pero debes saber que no es así, amigo.

Los niños no tienen una rabieta en vano. Si hay algo que aprendí, es que lo hacen porque entienden que pueden ganar algo. ¿Conoces esa historia de «agua blanda sobre piedra dura, late hasta pinchar»? Es más o menos eso, con la diferencia de que se vuelven “grita y llora en la mamá cansada, tan fuerte que llegan a la meta deseada”.

En otras palabras, lo único que quieren en ese momento es que cedas a la presión y hagas lo que te piden. Conscientemente, los niños mayores llegan a comprender que pueden conseguir lo que quieren, simplemente lloran, gritan o patean con la suficiente fuerza. Por eso es tan importante saber cómo lidiar con la rabieta. De lo contrario, existe el riesgo de que se eche a perder un poco.

Algunos consejos sobre cómo lidiar con la rabieta de los niños

El proceso no es fácil, lo admito, pero es necesario afrontar esta situación de frente. Es el momento de alinear tu forma de educar para que, más adelante, puedas estar seguro de que tu hijo ha recibido la mejor orientación.

¿No sabes por dónde empezar cuando el pequeño abre el grito o da las primeras señales de rabieta? Entonces mira los consejos a continuación:

Tenga en cuenta quién es el niño y quién es el adulto

En muchas ocasiones, la presión psicológica que provoca una rabieta es tan grande que las madres se pierden en sus roles. En lugar de actuar como los adultos que son, tienen una actitud más infantil. Sin juicios, porque eso ya lo hice, pero hay que dejar la automática.

A menos que planees tirarte al suelo y llorar hasta conseguir lo que quieres, necesitas tomar las riendas del escenario. El pequeño todavía no sabe cómo controlar sus emociones, pero tú sí. Además, la rabieta es una prueba de los límites de los padres: tener esto en cuenta ayuda mucho.

Entiende que tu imagen es un modelo y cuando te enojas o te estresas, la situación solo empeora. Así que respire hondo, repita ese mantra mentalmente, cuente hasta 100 y mantenga el control.

Practica la empatía

Incluso cuando el pequeño parece un verdadero monstruo rabioso, sigue siendo tu hijo. Todo el amor que existe está ahí, aunque los gritos hacen que todo sea un poco ensordecedor. En esta situación, es mejor practicar la empatía.

Cuando se trata de una rabieta, sepa que esta es una fase y, como tal, pasará. En el momento específico, esté dispuesto a hablar. Baje a la altura del bebé y espere hasta que se calme. Comprenda que esta es su forma de responder a la frustración y que usted puede ayudarlo a mejorar.

Ayude al niño a nombrar sus sentimientos

Tan pronto como el bebé esté un poco más tranquilo, ayúdelo a nombrar sus sentimientos. Pregunte las razones del llanto o la insatisfacción. Con los niños mayores, existe la ventaja de poder obtener una respuesta.

Si su hijo dice que llora porque no quiere comprar un juguete, explíquele que no es posible en ese momento y enumere las razones. Si quiere jugar más en el parque, recuérdele la importancia de cumplir con los horarios o los tratos que han hecho. Habla en voz baja y aclara por qué no puede recibir lo que quiere en este momento.

Deja que el niño se exprese

Sería maravilloso si le explicara y el niño simplemente entendiera, ¿verdad? Por desgracia, este no es siempre el caso. Es muy común que intente pegar y convencer, incluso a su manera.

En lugar de cortar la conversación, te recomiendo que escuches. Permita que el niño se exprese y divague sobre sus frustraciones. En algún momento, algo la distraerá o simplemente notará que no tiene nada que decir. Repita su explicación y ofrezca una solución, siempre que sea cierta. Se trata de combinar unos minutos más en el parque al día siguiente o comprar tal regalo en las próximas vacaciones.

Sea paciente y sepa que cada situación es única

La maternidad sería más fácil si hubiera una receta lista para todo. Ella también sería menos encantadora si eso sucediera, ¿no es así? Debe entenderse que no existen fórmulas definitivas sobre cómo lidiar con la rabieta.

La explosión de sentimientos varía con la edad, así como con los escenarios. Tu reacción también cambia, porque no siempre estás dispuesto a pasar 15 minutos hablando. A veces es mejor ignorar la rabieta. En otros, es diálogo.

Lo importante es tener paciencia y no actuar con violencia. Esto fortalece los lazos y, te lo garantizo, ¡en algún momento todo está más tranquilo!

Siguiendo estos consejos, la tarea de cómo lidiar con la rabieta es menos compleja. La mejora es un proceso, así que no se desanime las primeras veces. ¡Abróchate los cinturones de seguridad y emprende la misión, amigo!

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