El sueño del matrimonio es parte de la imaginación de muchos hombres y mujeres. Durante una relación seria, es común que comience a surgir la idea de estar realmente juntos para siempre.

Pero, ¿cómo saber si es el momento adecuado para la boda? ¿Está lista la pareja?

Según los psicólogos, algunos factores deben tenerse en cuenta en esta decisión, como el ahorro, el trabajo, el hogar y el estilo de vida.

¡El matrimonio es un momento mágico! Familia y amigos reunidos, fiesta, comida, música y mucha alegría. Pero lo que viene después de ese día puede que no sea tan simple.

Cada uno de nosotros tiene su propia personalidad y hábitos, y convivir cotidianamente con otra persona, que también tiene sus propias características, puede generar algunos conflictos.

¿Estás listo para dar el siguiente paso? En primer lugar, es necesario que la pareja hable mucho y sea honesta sobre las expectativas de la relación y los planes de vida.

En este punto de la toma de la decisión, un psicólogo también puede ayudar a los socios a evaluar y descubrir sus sentimientos y deseos.

5 puntos en los que pensar antes de la boda

Cuáles son tus prioridades en la vida

Mucha gente tiene planes muy concretos para su vida. ¿Se las has dicho a tu pareja? Algunas prioridades deben dividirse para no generar conflictos en el futuro.

Por ejemplo: ¿ambos quieren tener hijos? ¿Existe el deseo de vivir fuera del país? ¿Cuáles son tus planes profesionales? Es extremadamente importante que la pareja tenga las mismas prioridades y deseos para el resto de los años.

Estabilidad financiera

¿Ya has calculado cuánto gastarías al mes viviendo juntos? Esta cuenta incluye renta y condominio (si aplica), luz, agua, plan de internet, planes de celular, gastos extra (club, gimnasio y otras actividades), supermercado e impuestos.

Tener una idea de ese presupuesto le ayuda a saber si sus planes pueden realizarse. Es interesante que ambos socios ya hayan adquirido independencia económica y tengan una carrera estable para contribuir a los gastos del hogar y no agobiar a nadie.

Quien quiera casa

Si la idea de despertarnos todos los días juntos suena muy bien, ¿has pensado en dónde pasaría? Como dice el refrán, los novios quieren tener su propia residencia. ¿Alguien ya posee una propiedad? Si es así, ya es una buena forma.

De lo contrario, puedes evaluar cuál es la mejor solución, como alquilar una propiedad, comprar algo en la planta (ya que suele ser el mejor precio del mercado) o realizar una financiación juntos.

También es interesante hablar sobre el tipo de propiedad en la que ambos se imaginan viviendo. ¿Casa o apartamento? ¿En qué barrio? ¿Viejo y espacioso o nuevo y más estrecho?

Adiós a la vieja vida

¿Estás listo para despedirte de la vieja rutina?

La libertad de la vida soltera dejará de existir, la privacidad individual disminuirá, te alejarás de tus padres, formarás parte de una nueva familia (que puede tener costumbres muy diferentes) y tendrás que asumir nuevas responsabilidades.

Piénselo y evalúe si se siente listo para convertirse en «nosotros» en lugar de «yo».

¡Es amor!

No sirve de nada. Cuando conocemos a la persona adecuada, generalmente sabemos que queremos pasar el resto de nuestras vidas con él. ¿Te imaginas con tu pareja durante muchos, muchos años? ¿Aprovechar las cualidades y aguantar los defectos?

Recuerda que una relación duradera requiere confianza, amistad, complicidad, comprensión y, sobre todo, ¡ganas de que funcione!

Todavía tienes dudas sobre si quieres casarte

Después de considerar todos los puntos citados, ¿todavía no está seguro de dar este paso? Quizás lo que necesite sea la ayuda de un psicólogo.

A través de la psicoterapia individual, puede lograr un mayor autoconocimiento, seguridad y desvelar sentimientos y deseos ocultos.

Otra opción es la terapia de pareja. Si ambos socios están de acuerdo, las posibles parejas pueden entablar una conversación con un psicólogo y evaluar la necesidad de algunas sesiones.

La terapia de pareja implica discutir los puntos conflictivos de la relación, ayuda a entenderse y puede ofrecer la certeza de que te falta para finalmente caminar hacia el altar.