Hoy, el tema que vamos a abordar puede explicar varias cuestiones relacionadas con el comportamiento de los niños: la influencia que puede tener el orden de nacimiento en la formación de la personalidad del niño. Si tienes más de un bebé o estás pensando en formar una familia numerosa, debes haber sentido o escuchado comentarios sobre la diferencia de comportamiento entre hermanos, ¿verdad? Esto tiene una explicación.

Cada persona tiene una personalidad única, formada desde los primeros años de vida. Por mucho que intenten dar la misma educación a sus hijos, los padres siguen teniendo diferentes actitudes hacia sus hijos, lo que influye en este desarrollo. ¿Quieres entender por qué? ¡Echa un vistazo a la publicación!

La personalidad del primogénito

La formación de la personalidad de los niños mayores suele tener una fuerte influencia de los padres. Esto se debe a que, a medida que pasan por un período sin compartir el cuidado con otros hermanos, terminan siendo educados con mayor firmeza.

En general, esta atención integral contribuye al desarrollo de un individuo más responsable y de buen comportamiento. Además, los niños mayores tienden a parecerse más a sus padres.

La personalidad del segundo hijo

El hermano del medio suele ser más comprensible, cooperativo y resistente. Como, en cierto modo, recibe menos atención (después de todo, sus padres ya tenían otro hijo cuando nació), este segundo hijo también puede ser más competitivo en algunos casos.

Por otro lado, le da mucha importancia a la igualdad dentro de la familia, siempre esperando que sus padres y hermanos se comporten de manera justa, incluso luchando por ello. Su relación fuera de la familia también está marcada por la presencia de un círculo cercano y leal de amigos, que asumen el papel de ampliar su propio hogar. En otras palabras: si te abres, él puede ser el niño que lleve tu clase a la dinámica familiar.

El perfil de personalidad más joven

La llegada de los más pequeños suele ser más pacífica, ya que los padres están suficientemente seguros de su papel como responsables de una nueva vida. Esta tranquilidad por parte de la familia acaba trayendo más libertad en la creación, formando personas más independientes.

La tendencia es que los más pequeños se parezcan más a su hermano mayor, ya que ocupan los extremos de las familias. También es común que tengan más confianza en sí mismos, ya que pueden identificar fácilmente su lugar dentro de la dinámica familiar.

La formación de la personalidad del hijo único

Por lo general, solo los niños crecen rodeados de adultos. Por tanto, terminan pareciendo un poco más maduros que los niños que viven con hermanos. Además, por mucho que cuenten con la compañía de sus padres y otros miembros de la familia, tienden a pasar tiempo solos, lo que los hace más creativos e independientes.

Es bueno recordar que, al igual que los niños mayores, los hijos únicos tienden a parecerse mucho a sus padres y tienden a seguir sus pasos incluso en lo que respecta a la vida profesional.

El caso de los niños gemelos

Ahora, debes preguntarte qué sucede con la formación de la personalidad en el caso de los niños gemelos, ¿verdad? A este respecto, es necesario considerar algunas cuestiones.

Ante la sorpresa de la noticia de que el embarazo traerá más de un hijo, muchas familias comienzan la construcción de la canastilla comprando una serie de productos idénticos, para que los niños vayan juntos, como una pareja de verdad. Pero esta práctica no es saludable en lo que respecta al desarrollo de la personalidad de estos individuos.

Aunque son idénticos y tienen tendencia a desarrollar afinidades comunes, son personas diferentes, con deseos y temperamentos diferentes. Esto debe ser respetado por los padres, fomentando la independencia:

  • demostrar que reconocen sus diferencias y necesidades individualmente;
  • vestir a los niños con ropa diferente;
  • regalo con diferentes juguetes;
  • animarlos a realizar diferentes actividades;
  • No exija que tengan los mismos grupos de amigos, siempre caminen juntos o asistan al mismo aula.

Dado que no existe un orden de nacimiento al que podamos atribuir diferencias de personalidad, esto suele estar favorecido por el comportamiento de los propios miembros de la familia. Por ejemplo: uno puede estar más relajado, mientras que el otro está más inquieto; uno puede pesar más y el otro menos.

Estas diferencias, cuando son reforzadas por miembros de la familia, generan etiquetas. Los niños crecen escuchando a sus madres responder y hablar con otros adultos sobre estas diferencias, y la tendencia es a confirmar estas características, perpetuando estos comportamientos.

Es necesario, entonces, prestar atención a estos temas, preservando y respetando las diferencias, pero sin que esto se convierta en una competencia entre aspectos positivos y negativos. Asimismo, los padres no deben obligar a sus hijos a comportarse de la misma manera. Si a uno de los niños no le gusta comer o duerme menos, por ejemplo, es fundamental evitar comparaciones como “tu hermano será fuerte y tú no”.

Orden de nacimiento y papel de los padres

Cualquiera que sea el caso, la formación de la personalidad de un niño ocurre por un conjunto de factores que definen patrones de pensamiento, comportamiento, actitudes, hábitos y emociones, lo que impacta incluso sus habilidades cognitivas. ¡Y comienza desde el nacimiento!

Podemos decir que los niños son como esponjas, que absorben información del entorno en el que se encuentran y se moldean según sus experiencias. Esto significa que lo que somos cuando llegamos a la edad adulta es el resultado de la influencia directa de quienes nos crearon. Los padres tienen un papel clave que desempeñar en este proceso.

Satisfacer las necesidades físicas y psicológicas de un niño depende de lo que suceda en esa etapa. Por tanto, es papel de los padres no solo criar a sus hijos, sino hacerlo de forma responsable: a través de la lectura, el estudio y la búsqueda de información sobre las fases del desarrollo infantil.

Ahora que tiene una comprensión más profunda de la formación de la personalidad, puede comprender los problemas que van más allá de las obligaciones de los padres, como los estímulos más adecuados para un desarrollo saludable, por ejemplo. Por lo tanto, ¡nunca deje de descubrir qué es lo mejor para los niños! Estamos seguros de que ya eres una súper mamá y con esta práctica solo mejorará.

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