La infodemia se propaga más rápido que la epidemia. La información incorrecta sobre COVID-19 en las redes sociales dificulta la búsqueda de recursos confiables. Mientras los científicos de todo el mundo intentan encontrar una cura para el coronavirus, la infodemia se apodera del planeta a una velocidad asombrosa. Y puede ser tan peligroso como la pandemia.

Según los psicólogos, infodemia es un término acuñado por la Organización Mundial de la Salud para describir la propagación de información errónea sobre el virus.

Hace que sea difícil para las personas obtener información clara y confiable en un mar de noticias falsas y otras «direcciones erróneas». Y esto puede provocar daños psicológicos.

Efectos negativos de la infodemia

Para prevenir la propagación, a muchas personas se les dijo que mantuvieran una distancia social, es decir, que se quedaran en casa. Y esto aumenta el uso de tecnología y medios digitales para tareas cotidianas como obtener información, compras y relaciones.

Los efectos psicológicos de la desinformación en los medios digitales pueden ser muy dañinos. Principalmente por personas que ya tienen antecedentes de trastornos.

Por ejemplo, el uso de productos de limpieza y desinfectantes se ha incrementado con la creciente obsesión por la higiene. Esto puede potenciar el TOC en personas que tienen una necesidad exagerada de limpieza.

Otro ejemplo son las personas que padecen trastorno de pánico. Desde noticias catastróficas hasta incluso el uso de máscaras y guantes, todo esto puede aumentar el miedo y hacer que la gente entre en pánico.

Mientras tanto, la ansiedad y la depresión también pueden verse potenciadas por pensamientos provocados por el miedo a infectarse o un vector que amenaza cada vez más a las personas.

Los escenarios de desastre causados por la ignorancia y la mayor incertidumbre aumentan el nivel de miedo en la mente de las personas.

Además, quedarse en casa, movilidad y libertad restringidas, sociabilidad limitada y comunicación disminuida significarían una mayor distancia social y física con los seres queridos, parientes, familiares y cónyuge.

A medida que disminuye el contacto físico, la incapacidad de satisfacer nuestra necesidad de tocar y abrazar puede hacer que las personas se sientan más deprimidas y enojadas.

La pérdida inesperada de empleo puede causar dificultades económicas y preocupaciones para el futuro. Los trastornos de miedo y ansiedad causados por la incertidumbre pueden provocar un estado de ánimo más inestable.

Modo de transmisión

Internet puede ser un aliado en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Los mensajes precisos sobre cómo se propaga la enfermedad y cómo protegerse y proteger a los demás se pueden distribuir de forma rápida y asequible gracias a los medios digitales.

Pero, desafortunadamente, la información errónea también se propaga rápidamente en línea. Los usuarios pueden encontrarse dentro de burbujas de teorías de conspiración inverosímiles y, en última instancia, desconfiar de los responsables de la respuesta de emergencia.

Los hechos correctos minimizan el pánico y el miedo

Para combatir el pánico y otros sentimientos negativos que provoca la “infodemia” sobre el coronavirus, es necesario rodearse de fuentes de información fiables. Es decir, manejar el miedo que genera COVID-19 es obtener hechos. Los hechos minimizan el miedo.

Pero debemos tener cuidado. Los periódicos y otros medios digitales compiten por nuestra atención. Como resultado, pueden usar tonos más alarmistas para llamar nuestra atención, lo que indirectamente puede causar pánico.

Como vimos con el coronavirus, la desinformación puede llevar a culpar y estigmatizar a los grupos infectados y afectados. La desinformación también puede reducir la disposición de las personas a seguir consejos legítimos de salud pública.

En casos extremos, las personas no reconocen la enfermedad y no toman medidas de precaución comprobadas. Incluso hay quienes niegan la pandemia y terminan tomando acciones que no solo los ponen en peligro a ellos sino también a otros.

En otros casos, es posible que las personas no busquen ayuda debido a temores, conceptos erróneos o falta de confianza en las autoridades.

El público también puede aburrirse o aletargarse debido a la gran cantidad de información que existe.

Como hemos visto, la “infodemia” se propaga tan rápido como la epidemia de COVID-19 y daña a muchas personas.

No solo estimula y potencia los trastornos, sino que también acaba poniendo en riesgo a las personas. La mejor forma de luchar contra la infodemia es buscar canales de confianza que aporten información veraz y correcta.

En caso de síntomas de ansiedad en este escenario, busque la ayuda de un psicólogo. La psicoterapia está indicada para afrontar este tipo de situaciones.