¿Cuál es el punto límite en el que podemos hablar de la agresión de los niños? ¿En qué medida forma parte de una fase conductual y cuándo es realmente un problema más grave? Es fundamental que los responsables observen esto para evitar pasar por trastornos más graves.

Uno de los problemas que puede tener graves consecuencias para el desarrollo del niño, y también para las personas que conviven socialmente con él, es el Trastorno de la Conducta Infantil.

Hablaremos más sobre este problema y cómo identificarlo temprano. Entonces, tú que eres mamá y quieres despejar todas tus dudas sobre este delicado tema de los más pequeños, sigue leyendo y aprende más sobre el tema.

Qué es el trastorno de conducta infantil

El Trastorno de la Conducta Infantil es un problema que involucra un patrón de conducta que se repite repetidamente y que termina violando los derechos de los demás. Es un problema que suele manifestarse al final de la niñez o principios de la adolescencia y suele diagnosticarse más en niños que en niñas.

Algunas de sus causas pueden ser hereditarias, pero el entorno tiene una fuerte influencia en el desarrollo del problema. La mayoría de los niños que tienen el trastorno o padres que tienen trastornos como:

  • abuso de sustancias;
  • desorden hiperactivo y deficit de atencion;
  • desorden de ánimo;
  • esquizofrenia;
  • desorden de personalidad antisocial.

Otro punto que interfiere con el desarrollo de la afección es cuando el niño se inserta en ambientes conflictivos, es decir, cuando es criado por padres agresivos, viviendo en un lugar con constantes desacuerdos familiares y experimentando violencia y abuso doméstico.

Sin embargo, también hay informes de casos de niños cuyos padres gozan de plena salud a este respecto. Por tanto, es fundamental basarse, principalmente, en las principales características del trastorno.

Cuáles son las principales características del trastorno

Los niños que padecen este tipo de trastorno suelen tener las siguientes características:

  • egoísta y tiende a no disculparse ni reconocer errores;
  • son más rebeldes;
  • tienen dificultades para relacionarse con otros niños (tienen características antisociales);
  • no se sienten culpables por sus acciones;
  • interpreta el comportamiento de otras personas como amenazante y reacciona agresivamente;
  • tiende a ser cruel con los animales y otros seres indefensos;
  • hay una tendencia a mentir y robar;
  • son insensibles a los sentimientos de otras personas, independientemente de su grupo de edad;
  • desprecio por las reglas, normas y derechos de los demás.

Los síntomas, para ser considerados signos del trastorno, deben ser repetitivos y persistentes, y no deben coincidir con la edad del niño. Es normal que muestren una irritabilidad exacerbada.

Las niñas suelen cometer menos agresiones físicas. Por lo general, el cuadro se presenta con tendencia a huir, mentir y abusar de sustancias ilegales. Los niños, por otro lado, tienen tendencia a las peleas físicas, los robos y el vandalismo. Es importante recordar que el comportamiento de los niños que experimentan el trastorno no es único y puede variar de una persona a otra. Algunos se portan mejor que otros.

Cómo afecta este trastorno el rendimiento escolar de los niños

El rendimiento académico de un niño con trastorno de conducta infantil puede verse seriamente comprometido. Después de todo, tiene dificultades para lidiar con entornos con reglas y disciplina. Por lo tanto, tienden a huir de la escuela, saltarse las clases y mentir a los profesores y educadores.

Además, su comportamiento agresivo viola los derechos de otros compañeros, con constantes problemas de violencia física, bullying, robo de objetos, falta de respeto, entre otros. A menudo, son jóvenes que tenderán a tener contacto con sustancias ilegales e ideas suicidas, lo que agrava aún más la situación.

Otro punto que incide en el rendimiento escolar está relacionado con los demás trastornos que acompañan al problema. También se les suele diagnosticar depresión, TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y otros trastornos del aprendizaje.

Cuáles son los principales desafíos del diagnóstico y el tratamiento

El diagnóstico generalmente se realiza mediante el análisis de la historia del niño por parte de médicos, psicólogos y psiquiatras. Esto puede convertirse en un gran desafío, ya que dependerá de la observación de los padres y educadores y los síntomas deben ser lo suficientemente fuertes como para dañar a los pequeños en las relaciones o el desempeño en la escuela.

Un gran desafío también es considerar cómo se comporta el niño en el entorno social, observando si existen grandes dificultades para adaptarse a entornos estresantes. Esto puede ser una indicación de que el problema no es un trastorno de la conducta infantil, sino las condiciones ambientales.

El problema también puede confundirse con otros trastornos asociados, como el TDAH, el trastorno del estado de ánimo, el trastorno de personalidad antisocial, entre otros. Por tanto, el proceso de diagnóstico requiere tiempo y cuidado de todo el equipo involucrado.

Cómo se debe realizar el tratamiento

A partir del diagnóstico, es fundamental que los padres comprendan que el entorno problemático puede empeorar la situación. Por tanto, es importante promover un cambio considerable en el lugar donde se alberga.

En algunos casos más extremos, la recomendación de ofrecer un entorno estructurado más rígidamente, con el apoyo de especialistas, puede ocurrir por parte de los profesionales de la salud.

La psicoterapia puede dar buenos resultados, posibilitando que el niño tenga una mejor autoestima y un mayor autocontrol y, así, minimizar acciones que puedan ocasionar molestias a terceros.

Además, si se trata de un caso en el que existen otros problemas de salud mental asociados, la terapia puede ayudar a reducir la interferencia de otras afecciones, haciendo que el niño sea más funcional y sociable. En algunos casos, los medicamentos para el TDAH, el trastorno bipolar y la depresión pueden aliviar los síntomas.

También debe crearse un entorno favorable para el desarrollo del niño en este contexto, con una educación a la medida del caso respectivo. La escuela, los padres, los psicoterapeutas y los médicos deben trabajar juntos para lograr buenos resultados.

A la mayoría de los niños (dos tercios de los casos), según el Manual de MSD, se les detiene la acción incorrecta antes de llegar a la edad adulta. Cuanto antes comience el tratamiento, más fácilmente se resolverá el problema.

En algunos casos, cuando el trastorno pasa a la edad adulta, la persona tiene dificultades para tratar con las autoridades, viola deliberadamente los derechos de los demás y se le puede diagnosticar un trastorno antisocial de la personalidad.

A menudo, la agresión de un niño puede ir más allá de lo normal y aceptable para la edad y, por lo tanto, es fundamental diagnosticar el trastorno de la infancia lo antes posible, para que las intervenciones puedan generar una mejor calidad de vida para la persona.

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