¿Tu hijo no come casi nada? Desafortunadamente, este es un caso común durante los primeros años de la niñez, y muchos padres experimentan serios problemas para sortear esta situación y poder promover una rutina de alimentación para los niños.

Algunos, desinformados sobre los puntos principales del tema, intentan obligar a los niños a comer, actitud que, además de insatisfactoria, puede empeorar la situación.

Una de las razones por las que los pequeños pueden evitar comer es la presencia de un trastorno del procesamiento sensorial. ¿Alguna vez has oído hablar de él? Le presentaremos la pregunta a continuación. ¡Buena lectura!

Qué es el trastorno del procesamiento sensorial

En los primeros años de vida, todo es nuevo para el niño. El cerebro, aún en formación, empieza a captar y discernir los primeros estímulos externos, como la voz de los padres, la diferencia entre algo frío y caliente, entre otras percepciones. A partir de esto se genera el desarrollo sensorial del pequeño.

El trastorno del procesamiento sensorial hace que el individuo tenga una mayor o menor sensibilidad a estos estímulos en comparación con la población promedio del mismo grupo de edad. Esto puede afectar a cualquiera de los sentidos: oído, vista, tacto, gusto u olfato, o incluso impactar a más de un sentido al mismo tiempo.

Es decir, en este caso, hay una percepción que está en un extremo del espectro: o el niño es hiposensible o hipersensible a ciertos elementos, y esto le empieza a molestar.

Cuáles son las principales características del trastorno del procesamiento sensorial

Como hemos visto, cuando el niño tiene un trastorno del procesamiento sensorial, exhibe determinadas conductas que pueden indicar una mayor sensibilidad a determinadas cuestiones relacionadas con algunos sentidos o con todos ellos al mismo tiempo.

Por ejemplo, el niño tiene cierta incomodidad con las personas tocándose constantemente, no le gusta el contacto con la ropa, zapatos y calcetines, se queja de que cada toque duele, etc. Ella comienza a volverse más retraída, solo para no enfrentar estas situaciones.

En cuanto a la alimentación, es posible que el pequeño no coma determinadas texturas o sabores porque eso le molesta considerablemente. También es posible que desarrolle una tendencia a evitar alimentos con sabores intensos. En algunos casos, cualquier sabor causa malestar y el niño no quiere comer nada.

Cuáles son las diferencias entre hiposensibilidad e hipersensibilidad en el trastorno

En el trastorno del procesamiento sensorial, como decíamos, puede ocurrir uno de los extremos: una hiposensibilidad o una hipersensibilidad. Mostraremos algunas diferencias entre estos aspectos a continuación.

Hiposensibilidad

En hiposensibilidad, el niño tiene gran dificultad para poder procesar los estímulos externos, por lo que necesita un mayor contacto con los elementos que manipula para poder trabajar con ellos. Este hecho provoca que el pequeño realice las siguientes acciones:

  • gritos (hiposensibilidad auditiva);
  • le gusta escalar lugares altos (hiposensibilidad espacial y visual);
  • choca constantemente con cosas (hiposensibilidad espacial y visual);
  • mastica todos los objetos (hiposensibilidad en el gusto);
  • come en exceso (hiposensibilidad en el paladar);
  • le gusta oler todos los objetos y siempre pide perfumes (hiposensibilidad olfativa);
  • ama los objetos coloridos y la iluminación excesiva (hiposensibilidad visual);
  • necesidad de tocar todo (hiposensibilidad táctil).

Hipersensibilidad

En este caso, el niño es más sensible a los estímulos externos, por lo que el contacto mínimo exagera sus sentidos. Exhibe los siguientes comportamientos:

  • cubra el oído en caso de ruido (hipersensibilidad auditiva);
  • no puede comer muchos alimentos o no soporta texturas específicas (hipersensibilidad en el paladar);
  • no le gusta que lo toquen mucho (hipersensibilidad táctil);
  • se niega a bañarse o jugar con agua (hipersensibilidad táctil);
  • puntillas (hipersensibilidad táctil);
  • evita actividades que puedan ensuciarlo (hipersensibilidad táctil);
  • se queja de olores (hipersensibilidad olfativa);
  • no le gustan los ambientes brillantes o muy coloridos (hipersensibilidad);
  • siente que todo causa dolor (hipersensibilidad táctil);
  • tiene problemas de aprendizaje generados por la incomodidad con los estímulos;
  • sufre problemas de sueño derivados de la hiperestimulación.

Qué estrategias deben usarse si el niño tiene una aversión sensorial a la comida

Además de todo lo que hablamos, es importante que los padres observen qué es lo que realmente le gusta al niño y hacia qué le ha creado aversión, para evaluar si el problema está relacionado con cosas específicas (por ejemplo, ciertos colores, sabores o texturas) o si es un imagen generalizada.

Primero, si sospecha que su hijo tiene este trastorno, es fundamental buscar ayuda de un profesional para que se haga el diagnóstico. El pediatra, dado el relato de los padres, las conversaciones con el pequeño (si ya tiene una buena expresión personal) y las pruebas clínicas pueden generar un diagnóstico certero sobre el tema.

A partir de la confirmación de la imagen, tenga en cuenta un punto: un niño que tiene el trastorno es tan inteligente como cualquier otro. Simplemente tiene una forma diferente de procesar los estímulos externos y necesita más atención en este sentido. Después de todo, debido a la incomodidad de la hiperestimulación, es posible que tenga dificultades de aprendizaje. Por eso, buscar ayuda y tratamiento es fundamental.

En algunos casos, las terapias ocupacionales pueden ser grandes aliados en el proceso, de modo que se pueda llevar a cabo un enfoque de integración sensorial diferenciada. Con el tiempo y la terapia, el niño puede tener una respuesta más cercana a aquellos que procesan los estímulos con mayor fluidez. Esto no significa que esté curada (el trastorno no tiene cura), sino que ha llegado a afrontar mejor el problema.

En casos de hiposensibilidad, los padres deben cuidar que los más pequeños no consuman elementos que no sean comestibles y evitar posibles sobrealimentaciones. En la hipersensibilidad, los responsables deben observar si existe una determinada selectividad alimentaria o si el problema abarca todo el proceso de alimentación.

No pelees con el niño. Realmente le molesta, no es una especie de broma. Por tanto, no tenga miedo de comportamientos más agresivos. Habla con el pequeño sobre la necesidad de comer, encuentra alternativas alimenticias que le molesten menos y utiliza elementos lúdicos para poder estimularlo a comer continuamente.

Recuerda que la paciencia es clave. El propio niño desconoce lo que está sucediendo o las razones por las que los estímulos le molestan. La acogida es fundamental para que pueda estar más tranquila y aprender, con sus padres, a afrontar esta situación.

¿Su hijo tiene alguno de los puntos mencionados anteriormente? ¿Tiene el trastorno del procesamiento sensorial? ¿Cómo maneja la situación hoy? ¡Deja un comentario con tu experiencia!